Cuántos puestos de estacionamiento necesita un edificio hoy
Cada nivel de sótano suma meses de obra y sistemas que nadie ve. La cuenta de puestos define el costo de una torre y la vida diaria de quien la habita.
Por Eduardo Milgram

Cuando arranca un proyecto, una de las primeras discusiones largas que tenemos en la mesa no es la fachada ni la lista de amenidades. Es cuántos puestos de estacionamiento va a tener el edificio y dónde van a ir. Parece un trámite, un número que sale de una ordenanza y se acata sin más. En la práctica ahí se define buena parte del costo de la obra y de cómo se vive el edificio diez años después.
Excavar en Caracas toma tiempo. El subsuelo cambia de una cuadra a otra. Aparece roca donde el estudio no la anticipaba, aparece agua donde se esperaba terreno seco, y cada sorpresa se traduce en semanas. Un nivel adicional de sótano trae consigo más bombeo, más ventilación mecánica, detección de incendios, presurización de escaleras e iluminación de emergencia, además del volumen de tierra que hay que sacar. Nada de eso aparece en el render y todo eso se construye igual.
Del otro lado está la realidad del que compra. En Caracas el carro sigue haciendo falta. La ciudad no terminó de resolver el transporte público y la distancia entre la casa y el trabajo se sigue midiendo en horas de tráfico. Un apartamento familiar con un solo puesto es difícil de vender, por bueno que sea el diseño. La cuenta tampoco se hace igual para todas las tipologías. Un estudio de una habitación no demanda lo mismo que un apartamento de tres cuartos donde dos adultos salen a trabajar todos los días.
En Skypark el tema tuvo un matiz distinto. El edificio está en Las Mercedes, en una zona donde muchas cosas se resuelven caminando, y la conexión peatonal hacia el Tolón modifica la rutina de algunos residentes y de la gente que va a trabajar en las oficinas. Eso no elimina la necesidad de estacionamiento, pero cambia el uso. Hay quien baja al sótano todos los días y hay quien deja el carro guardado de lunes a viernes.
También cambió lo que la gente quiere guardar ahí abajo. Hoy se piden puestos con espacio para bicicletas, sitio para motos, previsión de ductería para carga eléctrica más adelante. Son decisiones que cuestan poco si se toman en el plano y cuestan muchísimo si hay que romper concreto después.
Hay una parte que casi nunca se discute y que a mí me importa. La circulación. Rampas con pendiente cómoda, radios de giro que permitan maniobrar sin tres intentos, columnas ubicadas donde no obliguen a abrir la puerta a medias, señalización que se entienda de noche. Un sótano mal resuelto se convierte en una molestia diaria, y la molestia diaria termina definiendo cómo la gente habla de su edificio.
La cuenta correcta rara vez es la máxima permitida ni la mínima exigida. Suele estar en el perfil real de quien va a vivir ahí, con margen para visitantes y con la flexibilidad de adaptarse cuando la ciudad cambie. Nos hemos equivocado en las dos direcciones a lo largo de estos años. De esos errores salió el criterio que usamos ahora, proyecto por proyecto, sin fórmulas heredadas.
Soy Eduardo Milgram Azrak, director de Grupo Binian, desarrolladora con más de 30 años construyendo en Venezuela y Panamá.



