Después de entregar las llaves empieza otro trabajo
La protocolización no cierra el proyecto. Lo que aprendemos en la postventa es el material que termina corrigiendo los planos del edificio siguiente.
Por Eduardo Milgram

Existe la idea de que un desarrollador termina su trabajo el día de la protocolización. En mi experiencia ocurre lo contrario. Ese día empieza la etapa que más nos ha enseñado en 30 años de oficio.
Los primeros meses después de una entrega son de teléfono. Llegan reportes por cosas pequeñas, una puerta que roza con el marco, presión de agua que no convence en los pisos altos, un tomacorriente que quedó mal ubicado para el mueble que el propietario acababa de comprar. Ninguno de esos casos es noticia. Todos, juntos, dicen mucho sobre cómo se construyó el edificio.
Nosotros llevamos registro de cada reporte. No para archivarlo, sino para buscar el patrón. Cuando el mismo detalle aparece en cuatro apartamentos distintos deja de ser un incidente y pasa a ser una decisión de diseño que salió mal. Ese es el material más honesto que tiene una desarrolladora, porque viene de gente que ya pagó y que no tiene ninguna razón para ser amable.
La garantía de diez años que ofrecemos existe justamente por eso. Firmar un compromiso de esa duración cambia la manera de comprar. Un proveedor que ahorra un porcentaje hoy sale caro cuando hay que responder por su producto en el año ocho, y para entonces la obra está cerrada, el equipo se movió a otro proyecto y quien reclama es una familia que vive allí. Uno aprende a elegir pensando en esa escena.
En Altamira Residences, donde trabajamos con entrega inmediata, la conversación con el comprador es distinta desde el principio. La persona no compra un plano, camina el apartamento terminado y decide con lo que ve. Los reclamos que llegan después también cambian de naturaleza. Se parecen menos a sorpresas con acabados y más a preguntas sobre la operación diaria del condominio, los horarios de las áreas comunes, el manejo de la basura, cómo funciona el respaldo eléctrico. Son preguntas de convivencia, y responderlas bien es parte del producto.
Por eso el trabajo con la junta de condominio en los primeros dos años nos importa tanto. Entregamos manuales de operación, capacitamos al personal que se queda en el edificio y acompañamos el arranque de la administración. Una torre puede estar impecable y funcionar mal si nadie sabe operar sus sistemas. Lo hemos visto en edificios ajenos y preferimos no verlo en los nuestros.
Lo que sale de ahí vuelve a los planos. La ubicación de los registros de plomería para que una revisión no implique romper pared. El tamaño real de los cuartos de servicio, medido con la lavadora adentro. La cantidad de tomas en la cocina, que siempre parece suficiente en el papel. Son ajustes sin épica, invisibles en cualquier presentación de ventas, y cada proyecto nuevo los hereda del anterior. Después de 22 proyectos esa acumulación es probablemente nuestro activo más difícil de copiar.
No hay manera de saltarse esta etapa. Un edificio se juzga por cómo funciona en el año cinco, cuando las fotos de la campaña ya no le importan a nadie y lo único que queda es si el ascensor llega, si el agua sube y si el vecino consiguió a quién llamar.
Soy Eduardo Milgram Azrak, director de Grupo Binian, desarrolladora con más de 30 años construyendo en Venezuela y Panamá.



