El fin de la oficina mediocre, no el fin de la oficina
En Caracas la demanda de oficina buena nunca se cayó. Lo que se cayó fue la oferta nueva. Por qué Nest Tower parte de un problema local y no de una tendencia global.
Por Eduardo Milgram

La conversación sobre las oficinas se volvió perezosa. Se repitió tanto aquello de que el trabajo remoto acabó con el edificio corporativo, que muchos dejaron de mirar lo que de verdad está pasando en la calle. Yo lo veo distinto. En Caracas la demanda de oficina buena nunca se cayó. Lo que se cayó fue la oferta nueva.
El inventario envejeció y nadie lo dice
Camine por los ejes de oficinas de la ciudad y cuente cuántas torres se entregaron en la última década. Son pocas. Muy pocas. Eso significa que la empresa que hoy quiere crecer, o simplemente mudarse a un espacio decente, está escogiendo entre edificios que tienen treinta y cuarenta años encima. Ascensores lentos. Plantas eléctricas que no dan. Aire acondicionado central que depende de una junta de condominio que no se pone de acuerdo. Estacionamiento insuficiente para el equipo.
El empresario venezolano se acostumbró a resolver con paños calientes. Compró su propia planta. Puso su propio tanque. Y aun así pierde horas de productividad cada semana en cosas que un edificio bien concebido resuelve de una vez.
En Nest Tower partimos justamente de ahí. No de una tendencia global, sino de un problema local muy concreto: hace falta oficina nueva en Caracas, con la infraestructura pensada desde el día uno y no parchada después.
La oficina dejó de ser un gasto de metros
Hay un cambio real en cómo las empresas piensan el espacio, y no tiene que ver con reducir. Tiene que ver con para qué se usa. La gente ya no va a la oficina a hacer trabajo que puede hacer sola en su casa. Va a reunirse, a negociar, a entrenar al que va empezando, a resolver en diez minutos lo que por correo tomaría tres días.
Eso cambia el programa arquitectónico. Necesitas más sala de reunión y menos puesto fijo. Necesitas áreas de encuentro que funcionen de verdad y no un rincón con un sofá. Necesitas que el edificio tenga vida alrededor, sitios donde almorzar y donde citar a un cliente sin tener que agarrar el carro.
Lo que aprendimos construyendo usos mixtos
Skypark nos enseñó algo que aplicamos directo a la oficina: el valor no está solo dentro del apartamento o dentro del piso corporativo, está en lo que pasa cuando bajas. Un edificio conectado con su entorno vale distinto. La pasarela que conecta Skypark con el Tolón no es un detalle de folleto, es la diferencia entre cruzar una avenida a pie con las bolsas o no cruzarla.
Con oficina pasa igual. El edificio que obliga a manejar veinte minutos para almorzar le está cobrando ese tiempo a la empresa todos los días.
Retener gente también es un tema de metro cuadrado
Hoy la competencia por talento en Venezuela es dura. Y la oficina se volvió parte del argumento. Cuando un profesional bueno evalúa una oferta, mira dónde va a pasar ocho horas. Un edificio que funciona, con buenos ascensores, luz natural y servicios cerca, es un argumento silencioso a favor del que contrata.
Por eso no creo que estemos ante el fin de la oficina. Estamos ante el fin de la oficina mediocre, que es otra cosa completamente distinta.
Eduardo Milgram Azrak es director de Grupo Binian, desarrolladora con más de 30 años construyendo en Venezuela y Panamá.


