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Obra13 de agosto de 2026·3 min de lectura

El ruido que no aparece en los planos

El aislamiento acústico se resuelve en la estructura, mucho antes de que llegue el acabado. Un repaso a la variable que más reclamos genera en la vivienda vertical.

Por Eduardo Milgram

En la lista de razones por las que alguien termina mudándose de un apartamento, el ruido aparece con más frecuencia de la que suele admitirse. No el ruido de la calle, que se asume como parte de vivir en una ciudad, sino el que llega del vecino de arriba, del ascensor o de la bomba que arranca a las cinco de la mañana. Es un problema que casi nunca se detecta durante la visita de compra y que aparece a las dos semanas de la mudanza.

La acústica de un edificio se decide en la estructura y en la tabiquería, no en el acabado. Existen dos maneras distintas en que el sonido viaja y cada una exige una respuesta diferente. La transmisión aérea, que es la voz del vecino o el televisor encendido, se combate con masa y con capas separadas por aire o por lana mineral. La transmisión de impacto, que son los pasos, la silla que se arrastra y el objeto que se cae, obliga a romper la continuidad del material: un contrapiso flotante, una capa resiliente debajo del revestimiento, un detalle en el encuentro con la pared para que el piso no toque la estructura.

El error más común no está en el muro sino en lo que lo atraviesa. Un tabique bien especificado pierde su desempeño cuando el pase de una tubería queda sin sellar, cuando dos tomacorrientes se instalan espalda con espalda o cuando un ducto de aire conecta dos apartamentos y funciona como teléfono. El sonido busca el camino más fácil. Esos caminos se cierran en obra, con supervisión, y no hay manera de corregirlos una vez que el acabado está puesto.

Las instalaciones son el otro frente. Los grupos electrógenos montados sobre soportes antivibratorios, las tuberías conectadas con mangas flexibles, los cuartos de bombas ubicados lejos de los dormitorios, las guías de ascensor separadas de los muros que dan a las habitaciones. Son detalles de coordinación entre disciplinas que se resuelven en la etapa de proyecto y que rara vez tienen visibilidad comercial.

Algo cambió en la demanda durante los últimos años. Cuando una parte del trabajo se mudó a la casa, el vecino ruidoso pasó de ser una incomodidad a ser un problema laboral. Una llamada importante desde la habitación puso a prueba lo que antes nadie medía. En Caracas empezaron a aparecer compradores que preguntan por el espesor de la losa, por el tipo de vidrio y por la separación entre unidades. Hace diez años esa conversación no ocurría en una sala de ventas.

Para una desarrolladora que responde por lo que construye durante una década, la ecuación es sencilla de leer. El reclamo por ruido llega igual, llega tarde y llega cuando el edificio está habitado, que es el peor momento para intervenir. Resolverlo en los planos cuesta una fracción de lo que cuesta después, y el resultado se nota en algo difícil de fotografiar: la sensación de estar en casa aunque haya cien familias en el mismo edificio.

El silencio es una decisión de proyecto. Se toma temprano, se paga en obra y se disfruta todos los días sin que nadie repare en ella.

Soy Eduardo Milgram Azrak, director de Grupo Binian, desarrolladora con más de 30 años construyendo en Venezuela y Panamá.

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